jueves, 22 de marzo de 2007

Vale la pena el esfuerzo


Educar en la fe a los hijos es toda una ciencia. Se necesitan conocimientos precisos y esfuerzo para adquirirlos. La buena voluntad no basta. Para empezar, educar hoy es diferente a como nos educaron a nosotros, basarse sólo en nuestra experiencia, hoy, no es suficiente. Es verdad que se trata de una ciencia que no se adquiere sólo a base de letra impresa. La educación es un proceso continuo de formación, en el que la mayoría de las cosas se aprenden como fruto de la experiencia personal. Sin embargo, sería un error prescindir de toda la sabiduría que hay plasmada en tantos libros, o del enriquecimiento mutuo que producen las conversaciones con personas sensatas y experimentadas. Sería esperar milagros que vinieran a suplir nuestra dejadez.

Algo parecido podría decirse sobre el colegio, que juega un papel fundamental en la educación, puesto que es donde los hijos pasan casi todo el día y donde tienen la mayor parte de sus relaciones. Por eso es tan importante escoger bien dónde estudian, aunque suponga un sacrificio económico o un mayor tiempo de transporte. Sería una pena que una despreocupación en este punto echara a perder en las horas escolares lo que con tanto esfuerzo va aprendiendo en el hogar. Y no sólo al decidir a qué colegio va, sino también a la hora de asumir el protagonismo que a los padres corresponde en la vida escolar. Por ejemplo, preocuparse de acudir a las reuniones para padres que allí se celebran, o visitar al tutor o a los profesores cuando sea preciso, aunque nos falte tiempo.

Todo eso supone seguramente un sacrificio, pequeño o grande, pero merece la pena. Se verá siempre compensado por lo valioso del intercambio de impresiones sobre el chico. Así, la mayoría de los problemas podrán resolverse antes de que lleguen realmente a serio.

También importa mucho el tiempo libre. Porque unos padres pueden estar sacrificándose para pagar un buen colegio, y poniendo un gran esfuerzo para mejorar el ambiente familiar, y luego perderse todo por los amigos que hace durante su tiempo libre. Por ejemplo, hay que pensar en estos temas al decidir sobre el lugar donde pasar el verano o el fin de semana. Quizá no sea el sitio más adecuado aquel lugar de dudoso ambiente moral, por mucho que digas que a tu hijo apenas le afectará, o donde los chicos que hay de su edad no parece que le convengan demasiado. Hay que hacer lo posible para que se relacione con chicos que sean de familias sanas y tengan costumbres y modos de divertirse sanos.

Por eso muchos padres se ponen de acuerdo para promover iniciativas donde sus hijos aprendan a pasarlo bien de forma sana, aprendan cosas útiles, hagan amigos en un ambiente favorable y reciban una ayuda en su formación.

Nos jugamos mucho en este desafío de educar a nuestros hijos, los padres somos los responsables, y no podemos ceder ese derecho al Estado que quiere tomar esa iniciativa. El futuro de nuestra sociedad son nuestros hijos.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Buena salud politica


El clamor de cómo marcha la vida publica en la España actual, cada vez se hace más fuerte, escuchándose continuos lamentos sobre el estilo y el tono que esto está tomando.

Aparte de verlo y leerlo en algunos medios de comunicación, por poco observador que se sea, se da uno cuenta de que la convivencia se deteriora por momentos.

Mucho se habla de cómo arreglar esta situación, que si un cambio político, que si más claridad en los medios de comunicación etc.

Muchas veces he leído y escuchado a personas de reconocido prestigio, que la buena salud política depende del estado intelectual y moral de un pueblo.

Benedicto XVI, ha dicho que solo un humanismo integral puede garantizar un mundo pacifico, justo y solidario.

Sin humanidades, los planteamientos éticos se convierten en enfoques puramente pragmáticos y funcionalistas.

La vida científica y cultural se apaga, carente de inspiración y de estímulos. Si se prescinde de lo que no tiene una aplicación inmediata es muestra de no mirar el futuro. Lo contrario, que es valorar las cosas verdaderamente importantes que no corren prisa, demuestra una generosidad, que no es muy frecuente.

Como se echan de menos en la enseñanza actual, aquellas disciplinas de estudios, que tantas buenas cabezas dieron a la Humanidad: La Historia del arte, La literatura y la Literatura comparada, La historia, La Teología y Religión, La Filosofía, Filología, Lingüística, etc.

Lo decisivo para el hombre es el propio hombre. Y de él, de nosotros mismos, de la condición humana, es precisamente de lo que se ocupan las humanidades. Su olvido nos aboca a la situación que viene después de lo humano, nos lleva a esa situación, a ese futurible estado en el que la especie humana, es capaz de superar sus limitaciones intelectuales y físicas mediante el control tecnológico de su propia evolución biológica.

sábado, 10 de marzo de 2007

¿Por que no se hace nada?


Existe un problema gravísimo que crece vertiginosamente en nuestro país. El 5 de julio de 1985 se aprobó en España la ley del aborto. Han transcurrido 22 años y desde entonces las muertes por aborto han aumentado de manera acelerada, convirtiéndose en la actualidad en la principal causa de mortalidad.

Actualmente se han superado el millón de abortos (1.024.000) desde que se legalizó en el año 1985.

España se ha convertido en un auténtico paraíso de los centros de abortos. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Al parecer, por una ausencia de ayuda a las madres, por un control insuficiente por parte de las administraciones, también por las ambigüedades de las leyes y reglamentos y, por último, por la falta de escrúpulos de estos centros, que han convertido nuestro país en el lugar preferido para abortar por personas de otras procedencias. En el fondo hay un negocio importante, también a costa de las mujeres.

La realidad es que el aborto se ha convertido en un sector lucrativo de negocio para clínicas privadas, donde se realizan el 97,1% de los abortos. Tan lucrativo que el ansia de beneficios sin escrúpulos llega a saltarse la legalidad, y a cometer abortos sin importar para nada el flagrante fraude de ley. Los jueces que han investigado estas clínicas han sido atacados y acosados, lo cual nos está llevando a una situación de aborto libre, y en el que el ministerio fiscal no está por la labor de investigar estas clínicas, lo cual nos lleva a una situación de impunidad total, en un negocio con muchas ramificaciones.

Ante esta situación no podemos permanecer indiferentes, para ello basta ver algún video de los que la Asociación Próvida tiene publicados, en los que se ven trocitos de niño, unas manos, unas piernas, una cabecita, para darnos cuenta de la verdadera carnicería que están cometiendo con seres humanos.

Tenemos que recuperar todos un poco de sensatez , comenzando por las administraciones, siguiendo por los planes de educación, continuando por las familias, las escuelas, la educación en el tiempo libre, etc. Es necesario hacer un llamamiento en especial a la conciencia de los profesionales del mundo de la salud, de la educación. En definitiva, un llamamiento a todos los hombres y las mujeres de buena voluntad para evitar la muerte de tantos inocentes.

Hoy que tan sensibilizados estamos con tantas nimiedades, me pregunto: ¿cómo no reaccionamos todos con más contundencia ante la muerte de más de un millón de inocentes?

Alguna vez se nos pedirán cuentas por haber permitido que nuestro país, haya pasado de ser un gran paraíso turístico, a un paraíso internacional para turismo abortivo.

www.provida.es/valencia/videosonline.htm

martes, 6 de marzo de 2007

¿ A quien votamos ?


Algo muy habitual se apoya en una paradoja: Criticamos con frecuencia que los gobernantes son malos e incompetentes, pero los hemos elegido nosotros, por tanto intervenir en la función del gobernante, equivale a suponer, que nosotros antes hemos sido incompetentes al elegirlos.
Elegir a políticos honestos y competentes, no debiera ser algo superior a nuestra capacidad. A esto deberíamos dedicamos los electores, debemos estudiar a nuestros candidatos como personas, ponderando bien las acciones y sus palabras, sin dejamos deslumbrar por la retórica de un político.
Debíamos estudiar los partidos y sus principios, lo cual incluye el estudio de sus realizaciones en el pasado, tanto en si mismas como en relación con el principio que profesan.
Es fundamental que estudiemos si son personas sinceras, si hacen honor a la verdad, o por el contrario se apoyan en la mentira, en la falsedad y en los intereses de partido, para mantenerse en el poder.
Es hora de examinar el rumbo que sigue la vida de nuestro país, pues si todos no somos expertos en política, debiéramos de tener el olfato necesario para juzgar, si el cuerpo de la política está sano y cada vez va mejor, o si está enfermo y va empeorando.
No podemos juzgar de los procesos, pero si hacemos cargo de si el producto es el que deseamos, y el que necesita nuestra sociedad para vivir en armonía.
A la hora de votar, la obligación del voto, lleva consigo de prepararse para votar. Quien no se toma esta molestia, no puede luego lamentarse de que las cosas no marchan bien.
La democracia, no es una formula mágica, que transforma en decisiones prudentes la ignorancia de lo que está pasando en el país.
El deber de cada ciudadano en una democracia, no solo se reduce a elegir, llega más lejos, debe llegar a crear una atmósfera de salud moral, en la que tiene que actuar el gobernante que se elija. Si esto no se hace de nada servirá el interés por votar.
Es la opinión pública el mejor medio para hacer llegar a otros, el proyecto ideal para el país. Pero donde la opinión publica tiene verdadera fuerza, es en establecer las normas de lo justo y de lo injusto, de lo que se puede y no se puede tolerar, y mantenerlas con firmeza, para que el gobernante no tenga más remedio que obrar conforme a ellas.
Si la opinión pública, sobre el fraude político, la mentira y la falsedad, fuera tan clara que un político convencido de este delito, se viera obligado a desaparecer de la vida política, los casos de inmoralidad política serian muchos menos.

jueves, 1 de marzo de 2007

El catolico del siglo XXI


Creo que el católico del siglo XXI, no interpreta correctamente aquello de “poner la otra mejilla”, eso no quiere decir echarse atrás, Jesucristo decía esto para evitar violencia, pero en paralelo murió crucificado.

Está instalada en la opinión publica, entre católicos y no católicos, la idea de que la fe es un asunto privado, olvidando que la fe tiene una proyección apostólica, y por tanto debe llegar a todos, si la fe solo la viviéramos en nuestro interior, estaría muerta, adquiere vida cuando la hacemos llegar a los demás.

Al observar las manifestaciones de muchos políticos, que se llaman católicos, se pone uno “colorao”, al ver como caminan por el filo de la navaja.

Es una vergüenza, que el consejo del asesor de imagen de turno, haga que sus declaraciones sean sinuosas, o difuminadas, para que cuando hayan pasado por el tamiz de la opinión publica, no reduzcan el numero de votos en las elecciones más próximas.

Pero los políticos no son tontos, ya han captado antes como está el patio, en el electorado católico.

Este electorado, en una gran mayoría vive acomplejado, indiferente, indolente, tibio, ni frío ni caliente, es un terreno abonado para el político oportunista que tanto abunda hoy día.

También le ocurre a este tipo de personas que tienen miedo de contrariar al amigacho, siempre existe algún interés por medio, pero lo que ocurre es que cuando se da cuenta, se ha quedado solo, nadie quiere nada con él.

Esta situación del católico, si que tiene solución, en muchos terrenos de la vida publica y privada.

No somos católicos de sacristía, no estamos replegados en una esfera privada, somos ciudadanos del mundo, como cualquier hijo de vecino.

Es el momento de sacar ese caudal que llevamos dentro, que hemos acumulado a lo largo de los años, de cultura, de buen hacer, de buenas costumbres, en una palabra de amor a Dios, y que nos ha llegado a través de nuestros padres, de nuestros amigos, de una escuela seria, y de la Iglesia que siempre nos ha guiado con sus consejos y enseñanzas.

Es el momento de refundar nuestra fe, sobre unos cimientos menos medrosos y claudicantes.

El mundo necesita muchos locos, locos con el alma limpia, con el corazón ardiente, con el vigor del heroico soldado, y con la ternura de la madre, es el momento de los valientes.