martes, 26 de febrero de 2013

Que nos sugiere la palabra Dios.

                       
Al escuchar la palabra “Dios” surgen reacciones diferentes según la disposición de cada uno.

Para algunos, Dios sería una idea del pasado, llamada a desaparecer conforme avanza el mundo de la ciencia.

Para otros, Dios es un ser problemático, que seguramente existe, pero “incapaz” de resolver nuestros problemas.

Para otros, Dios es un recuerdo de la infancia, alguien que tuvo su lugar en la propia vida. Con el pasar del tiempo, se fue difuminando.

Para otros, Dios es un recurso de emergencia, alguien a quien se acude cuando llega una necesidad material.

Para otros, Dios es un enemigo, un rival que limita las posibilidades humanas, que pone limites.

Para otros, Dios es una esperanza incierta. Alguien que uno desearía que existiese, pero que no sabemos si está más allá de los cielos y más adentro del corazón.

Para muchos, Dios es un Amigo cercano, presente, vivo, que enciende amores, que suscita esperanzas, que levanta los ánimos en las pruebas, que lleva a mirar más allá de la muerte, que salva y que resucita del pecado y de la angustia humana, que promueve el amor y la justicia entre los hombres.
Es bueno, en el camino de la vida, ponerse la pregunta sobre Dios. Porque por encima de nuestras ideas, de nuestros sentimientos, de nuestros rencores, de nuestras lágrimas, Dios merece no sólo una búsqueda, sino la apertura del corazón ante lo más sublime, lo más bello, lo más grande, lo más poderoso; ante Aquel que da sentido al mundo y al hombre,



jueves, 21 de febrero de 2013

Ante tantos abortos


Quien considera que los principios de fuerza, de egoísmo y de radical autonomía son los quicios del mundo no es más que un desquiciado.

La inocencia de un chaval intrauterino masacrado tiene tal fuerza magnética que acaba por arrasar el corazón y la mente de sus ejecutores: posibles madres que se arrepienten horrorizadas de lo que han hecho, consumados abortistas que se declaran con posterioridad, y llorando, "asesinos de masas".
Está claro que el quicio del mundo anda de la mano de Dios.

lunes, 18 de febrero de 2013

 Vivimos un momento singular de la historia de la Iglesia, todos debemos rezar por la Persona y por las intenciones de Benedicto XVI; y, unidos al Papa y a toda la Iglesia, pedir al Espíritu Santo que derrame su gracia en abundancia sobre el pueblo de Dios y sus Pastores.
 Junto a Benedicto XVI tenemos que invocar especialmente la ayuda del Paráclito para el futuro Romano Pontífice.

lunes, 11 de febrero de 2013

Mortificación que no mortifique a los demás

Escribe un cuento Jose Maria Peman titulado "Promesa de no fumar", que es un buen ejemplo de no causar molestias a los demás.
Julian Arrondo , habia anunciado que en Cuaresma dejaria de fumar en plan penitente.
La primera noche de cuaresma ya no podia parar sin su pitillo en la boca.
Su mujer insinuaba: Es la primera noche Julian. El se indignaba, y dijo seguiré toda la Cuaresma, a la vez gritó, !!no dormiré!!, No dormiremos coreo ella dulcemente.

Se fué agriando el humor de Julian, a la vez que la paciencia de su esposa era digna de todo encomio.

Pero un dia murió Julian, y horas después San Pedro le concedia un modesto lugar en el Cielo, muy cerquita de la puerta, pero Julian no estaba conforme, pensaba que tenia derecho a algo más, pensaba, pasé toda la Cuaresma sin fumar.

Miró el Apóstol el libro de los méritos y no encontró nada con esa referencia. Recorrió con el dedo la columna de la A, de pronto Arrondo vió su nombre. Pero el Apóstol le hizo observar que decia: Arrondo (señora de). Y al lado, en la columna de méritos de ella: "Una Cuaresma sin fumar su marido".

Y es que muchas veces nuestras mortificaciones, mortifican más al que tenemos al lado que a nosotros mismos.

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viernes, 8 de febrero de 2013

Esto hay que cambiarlo.

En toda democracia que goce de buena salud, no son las instituciones las que establecen las convicciones personales del ciudadano, es lo contrario, son los ciudadanos los que dan forma a las instituciones políticas actuando según sus creencias y su conciencia. El Estado está ejerciendo un intervencionismo sobre la sociedad, pero ese desorden puede llegar hasta donde los ciudadanos permitamos si desaparece la indiferencia mostrada hasta ahora, es necesaria la lucha por el cambio de una cultura política, que cambie todas las aberraciones establecidas en los últimos tiempos