lunes, 24 de septiembre de 2012

Con los pies en el suelo


Contó el Admor de Zanz que había una vez una mujer muy pobre que lo único que tenía era un huevo. Era su única pertenencia. Y esta mujer dijo: - Ya sé lo que voy a hacer. No me voy a comer el huevo, lo voy a colocar debajo de la gallina de mi vecina y voy a esperar que nazca un pollito y a este pollito tampoco lo voy a comer, voy a esperar a que comience a dar huevos y a estos huevos los voy a poner debajo de la gallina y voy a esperar que nazcan nuevos pollitos y cuando tenga muchos pollos los voy a vender y voy a comprar una vaca y a esta vaca tampoco la voy a comer, voy a dejar que tenga terneritos y a estos terneritos los voy a criar para que tengan otros terneritos y así voy a poder enriquecerme. Estaba tan entusiasmada pensando todo lo que iba a hacer con el huevo, que de tanto entusiasmo se cayó el huevo y se rompió.

Hasta aquí el cuento. Muchas veces nos entusiasmamos y comenzamos a imaginar la realización de grandes acciones, olvidándonos de prestar atención a los pequeños detalles de los cuales depende su concretización.

3 comentarios:

trimbolera dijo...

Que verdad más grande!!

...PARA DISFRUTAR dijo...

Pués si estoy contigo, lo que ocurre es que a veces son necesarias las ilusiones para avanzar. Como siempre lo mejor es saber encontrar el punto intermedio .

Saludos

María dijo...

Una estupenda moraleja de este bello cuento, Icue, me ha encantado.

Un beso.