jueves, 21 de septiembre de 2017

Serenidad ante todo.


Todos estamos intranquilos, nerviosos por la situación que vivimos.
En estos tiempos dice Camino " Estás intranquilo- Mira: pase lo que pase en tu vida interior o en el mundo que te rodea nunca olvides que la importancia de los sucesos o de las personas es muy relativa

 .Calma: deja que corra el tiempo: y después viendo de lejos y sin pasión los acontecimientos y las gentes, adquirirás la perspectiva, pondrás cada cosa en su lugar y su verdadero tamaño.
Si obras de este modo serás más justo y te ahorrarás muchas preocupaciones".

sábado, 16 de septiembre de 2017

Un libro para andar el camino con seguridad



Se acaba de publicar Compañeros de Camino, son experiencias vividas por personas que después de leer el libro de Camino cuentan el efecto importante que han experimentado en sus vidas, es una edición digital gratuita.
«Que tu vida no sea una vida estéril…». Así comienza el libro «Camino», compuesto por casi mil reflexiones de san Josemaría sobre la vida cristiana. Desde su publicación en 1934, el libro ha superado los 5 millones de ejemplares, y ha sido editado en 52 idiomas diferentes.

Tras cada lector de «Camino» hay una historia de amor a Dios. A veces de sufrimiento, y otras de alegría, superación y deseos de santidad.

Cuba, Corea, Congo, Rusia… son algunos de los países de los que proceden algunas historias sobre «Camino». En el trabajo, en la familia, entre los amigos, este libro electrónico es una prueba más de las distintas vías de que se sirve el Espíritu Santo para meterse en las almas y cambiar las vidas.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Podemos ayudarles.



Hay en nuestra sociedad un problema que se palpa, que da pie a tantos desordenes que vemos muy de cerca cada día.
Cuando el número de analfabetos ha decrecido en tantos países, ha aumentado en proporciones asombrosas la ignorancia religiosa, incluso en naciones de antigua tradición cristiana. Por imposición laicista o por desorientación y negligencia lamentables, multitudes de jóvenes bautizados están llegando a la adolescencia con total desconocimiento de las más elementales nociones de la Fe y de la Moral y de los rudimentos mínimos de la piedad.  Toda miseria moral, cualquiera que sea, reclama nuestra misericordia  


Ahora, enseñar al que no sabe significa, sobre todo, enseñar a los que nada saben de religión, es decir, hablarles de Dios y de la vida cristiana. La catequesis ha pasado a ser en la actualidad una obra de misericordia de primera importancia, ¿nos animamos a ello? 

lunes, 4 de septiembre de 2017

EMPECEMOS EL CURSO AMANDO A LOS DEMÁS.




Cada día se trata peor a las personas pienso como debíamos comportarnos con los hombres que nos rodean, lo cual está espléndidamente expresado en la segunda parte del primer mandamiento, del Decálogo: «Amarás al prójimo como a ti mismo.»

Este amor es diferente de la primera parte de amar a Dios sobre todas las cosas, porque los hombres no somos dioses. El amor a Dios tiene que ser absoluto, porque tenemos respecto a él una dependencia absoluta. En el amor a los hombres, en cambio, se nos pone una medida, aunque es una medida muy exigente: Hay que amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos.

No se puede negar que se trate de una comparación feliz, y que encierre una sabia pedagogía. Se trata de querer para los demás lo que queremos para nosotros y de evitarles lo que nosotros evitamos. Es lógico que tengamos que amar a los demás como a nosotros mismos, porque son seres de la misma categoría que nosotros, hombres como nosotros. Para Dios todo; para los hombres, lo mismo que queremos para nosotros. La moral sigue la lógica de las cosas, el orden de la realidad.


Evidentemente, no podemos amar a todos los hombres con la misma intensidad. Esto excede completamente nuestras capacidades reales. Somos muchos millones de seres humanos sobre la tierra; a la mayor parte no los conocemos y no tenemos ninguna relación con ellos, ningún contacto.
Por eso se nos da un criterio de orden: ama al prójimo; esto es: ama al próximo, al más cercano. Hay que preocuparse de los que están más próximos por lazos de sangre, de amistad, de camaradería; también de proximidad física.

En definitiva se trata de un precepto realista para que no nos dejemos llevar por la imaginación. Amar a los demás se concreta en amar a todos los que tenemos cerca y en la medida en que están cerca. Puede ser más fácil ser simpáticos y tratar bien a las personas con las que convivimos esporádicamente. Pero esto no suele ser realmente amor. Donde se demuestra si hay o no amor a nuestros semejantes, es  cuando amamos a las personas con las que convivimos. Es un desorden pensar que amamos a los que viven lejos de nosotros, si maltratamos a los que viven cerca. En cambio, cuando nos esforzamos por amar a los que están cerca, somos capaces de amar también a los que están más lejos porque nos acostumbramos -nos educamos- a amar.


Dentro de este apartado de los deberes hacia nuestros semejantes, hay que incluir también todas las realidades culturales y sociales, que son fruto de la historia y de la convivencia humana: por ejemplo, personas jurídicas y morales, instituciones, tradiciones, costumbres, etc.; en general, todo el patrimonio cultural humano que existe realmente y, por eso, nos impone también deberes.