jueves, 3 de marzo de 2016

Tener los pies en el suelo.


Contó el Admor de Zanz que había una vez una mujer muy pobre que lo único que tenía era un huevo. Era su única pertenencia. Y esta mujer dijo: - Ya sé lo que voy a hacer. No me voy a comer el huevo, lo voy a colocar debajo de la gallina de mi vecina y voy a esperar que nazca un pollito y a este pollito tampoco lo voy a comer, voy a esperar a que comience a dar huevos y a estos huevos los voy a poner debajo de la gallina y voy a esperar que nazcan nuevos pollitos y cuando tenga muchos pollos los voy a vender y voy a comprar una vaca y a esta vaca tampoco la voy a comer, voy a dejar que tenga terneritos y a estos terneritos los voy a criar para que tengan otros terneritos y así voy a poder enriquecerme. Estaba tan entusiasmada pensando todo lo que iba a hacer con el huevo, que de tanto entusiasmo se cayó el huevo y se rompió.
                         










Hasta aquí el cuento. Muchas veces nos entusiasmamos y comenzamos a imaginar la realización de grandes acciones, olvidándonos de prestar atención a los pequeños detalles de los cuales depende su concretización, no olvidemos que nuestra vida se compone de cosas pequeñas.

5 comentarios:

AMBAR dijo...

Mas alto y claro imposible.
Y en la realidad suele pasar, todo queda en planes y sueños que nunca se cumplen.
Un abrazo.
Ambar

CHARO dijo...

Cuantos sueños se han roto precisamente por no prestar atención a esos pequeños detalles.Una estupenda entrada para meditarla.Saludos cordiales

Armando dijo...

Y en los pequeños "grandes" detalles, está la grandeza del ser humano.
Un abrazo.

Marcos dijo...

Muchos disgustos evitaremos teniendo los pies en el suelo, como nos cuentas en esa versión similar al cuento de la lechera. Pero los piés en el suelo, y la cabeza en el cielo. Es mas seguro.

Mara dijo...


Esta versión del cuento de "La lechera no la conocía" pero así es empezar por lo pequeño es importante e ir alcanzando metas poco a poco. Me ha gustado mucho visitarte. Saludos.