jueves, 22 de febrero de 2007

La tirania que vivimos.


Cuando oímos hablar de tiranía, nos trasladamos a tiempos remotos, y lo relacionamos a un gobernante absoluto, que obtiene el poder en contra del pueblo y abusa de ese poder.

Pero la tiranía es como un guante, que se va ajustando a cada época de la historia. En la época que nos ha tocado vivir, la del siglo XXI, la tiranía es la democracia.

La tiranía busca transformar al hombre, que sea otro, hacerlo a su manera, y para ello no ahorra esfuerzos, hace lo que sea. Lo que no hará nunca es que ese hombre, tenga una dimensión espiritual, eso no lo admite la tiranía. Y no podemos olvidar que el hombre no solo tiene cuerpo, tiene además algo muy importante que ennoblece ese cuerpo.

Por ello vemos como se eleva el precio de la carne, solo se presenta al hombre, como un ser que solo es capaz de efectuar actos materiales, comer, sexo etc. matando así todo lo que se relacione con el espíritu, a la vez que nos desvinculan de todo lo que nos une a nuestra tradición cultural, ya que desarmando al hombre de estos vínculos es mucho más manejable. Lo que necesita la tiranía es dejarnos desarmados, podemos preguntarnos: Donde están en educación las asignaturas de humanidades?, que esta pasando con los vínculos familiares?.

Se está fomentando todo aquello que quita las defensas al hombre, así es mas débil, mas vulnerable.

Y el hombre actual, que vive en la comodidad está contento, se siente libre, su capricho es el que manda, y eso como es natural atrae. Con este planteamiento, al no existir un juicio moral de lo que se hace, todo está permitido, “Ancha es Castilla”.

Ante un panorama así, sentimos la nostalgia de una libertad verdadera, honda, es como si esa parte nuestra que es la dimensión espiritual, que quieren quitarnos, gritara, reclamándonos que volvamos a ser personas completas con alma y cuerpo.

No somos solo carne, somos personas dotadas de espíritu, que es la parte que nos hace más libres.

Este es el motivo de que la religión, sea el mayor enemigo de la tiranía que vivimos.

A todo lo dicho, se une que para sustituir a esto tan importante que la tiranía nos quiere quitar, que es el espíritu, nos mete en el mundo del dinero. Y así se cubre ese vacío interior con el consumismo salvaje, que llega a enajenar al hombre.

Esta tiranía hay que combatirla, tenemos que ser el hombre de siempre, y para ello se debe de pensar, y recordar que tenemos un espíritu y unos vínculos familiares e históricos, clamando a los cuatro vientos que “la Fe nos hará más libres”.

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