lunes, 12 de febrero de 2007

Ser padre de familia.


Un articulo leído estos días me anima, por su similitud con los míos a escribir sobre mi familia.
Pienso que una familia con seis hijos como la mía tampoco es tan numerosa, pero no deja de producirme cierta extrañeza, que cuando lo menciono, no falta el gesto entre sorprendido y risueño.
Me enorgullece hablar del número de hijos, por que mi “carrera” de padre es tan o más importante que las hechas en distintos momentos de mi vida, enorgulleciéndome más de mi familia que de unos diplomas, que algún día acabarán en el fondo de un baúl .
Alguna vez he oído que no tener familia es la mayor pobreza, tener una es la mayor riqueza, y no digamos si crecen al calor del amor de Dios, eso es una gozada.
En la época de la educación, no fueron a Disneilandia, ni yo cambiaba de coche cada tres años, pero todo aquello me tenia sin cuidado, nadie es más feliz por conocer al ratón Mickey.
Mis padres que no tuvieron coche nunca fueron muy felices, tanto que hoy los dos están en el cielo, conozco a otros que lo dieron “todo” a sus hijos, dudo que fueran tan felices.
Es tal la confusión reinante, que no se valora el tener hijos, la generosidad la confunden en regalar ropa vieja, en mi casa la ropa siempre se heredó, y al final se aprovechaba como trapo de limpieza.
Estamos orgullosos de haber regalado a la sociedad seis personas bastante normales, con virtudes y defectos, pero que valoran la vida familiar, y luchan por amar y ayudar a los demás.
Siempre hemos procurado distinguir lo moralmente licito de lo que no lo es, pienso que así habrá seis sinvergüenzas menos.
Además esto tendrá efecto multiplicador, ya que harán llegar a otros muchos lo que llevan dentro.
Mi mujer y yo nos sentimos satisfechos, y pedimos ahora ser coherentes con lo enseñado, y que sepamos vivirlo nosotros, y seguir transmitiéndolo.