martes, 12 de enero de 2016

Como una esponja.

 
Repasando mis entradas en el blog, encuentro la que hoy repruduzco, que en aquel momento batió el record de comentarios.
El niño es como una esponja que absorbe todo lo que se pone junto a su piel. Si a su lado encuentra cariño,será un niño cariñoso. Si a su lado encuentra tristeza, será un niño triste. Mucho, muchisimo depende de lo que le ofrecen quienes son responsables de su educación.
 
Los primeros encuentros de un niño se realizan en el seno de la familia, y más en concreto, en el contacto frecuente con la madre. La madre es la máxima comunicadora con el hijo, incluso en el periodo embrionario, donde el contacto entre ella y el feto es de una riqueza enorme.
El desarrollo de la propia vida ética depende tambien de otros factores, y se va configurando a lo largo de los años de la infancia, niñez, adolescencia, juventud, e incluso en la misma edad adulta.
Pero lo que se ha sembrado dentro del hogar resulta ser de un valor extraordinario, muchas veces decisivo para el resto de la vida.
 
Por eso una familia que quiera un hijo feliz, un hombre maduro, debe prestar atención a esas primeras etapas, debe tomar conciencia del milagro maravilloso que se opera ante sus ojos, el ingreso en el mundo de los valores de un ser que mañana podrá ayudar, quieralo Dios, a otros hombres y mujeres, a se felices, como lo fué gracias a unos padres que se amaban y que le amaban.
Posted by Picasa

2 comentarios:

Armando dijo...

Totalmente de acuerdo contigo.
Un abrazo.

CHARO dijo...

Muy cierto lo que dices aunque a veces me asombra cómo hermanos criados con la misma educación salen tan diferentes entre ellos cómo si se hubieran criado en familias distintas.Saludos cordiales.