lunes, 7 de mayo de 2007

Criticar y calumniar

 
Somos muy aficionados a lanzar al aire historias que la mayor parte de las veces no coinciden con la verdad, y hacen mucho daño a las personas, tirando por tierra su fama y su honorabilidad.
Nos hemos habituado a convivir con la presencia de la calumnia, a respirarla en el ambiente. La calumnia sobrevuela sobre nuestra vidas, llegando a ser algo normal. Hemos consagrado la presunción de inocencia como principio elemental de nuestra democracia, pero cada dia pisoteamos ese principio y nos limpiamos el barro de los zapatos en él, como si se tratara de un felpudo.
La malicia popular, empujada por los medios de comunicación, ha consagrado la calumnia como un pasatiempo. Asi se despachan horas ante el televisor, se eliminan las virtudes, se vocean intimidades y se destruyen famas. Vivimos instalados en un clima de degradación moral irrespirable, y la calumnia, ese monstruo dmoledor, entra en nuestras vidas como algo natural.
No digamos de esos juicios previos que hacemos a priori, cuando alguna persona es imputada por un juez antes de demostrar su culpabilidad, y el veredicto llega dentro de varios años, y cuando llega aunque sea de inocencia, el liquido de la fama vertido sobre tierra durante ese largo tiempo ya no se puede recoger.
Es un tema de importancia, y merece la pena ponernos delante de él, pensando muy bien lo que se dice y se lanza al viento, ya que luego no se puede remediar el mal que se hace.
Podemos recordar el cuento de las plumas:
Un hombre calumnió gravemente a un amigo suyo.
Tiempo después, se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre sabio a quien le dijo: "Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. Como puedo hacerlo?," a lo que el hombre respondió: "Toma una bolsa llena de plumas de ave y sueltalas por donde vayas pasando".
El difamador al cabo de un dia las habia soltado todas, volvió donde el sabio y le dijo:"Ya he terminado", a lo que el sabio contestó:
"Esa es la parte más facil, ahora debes volver a llenar la bolsa con las mismas plumas que soltaste, sal a la calle y búscalas".
El hombre se sintió muy triste, pués sabia que eso era imposible.
Asi como no se pudieron juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, asi mismo el mal que hicimos con nuestra ligereza al hablar, voló de boca en boca, el daño ya está hecho.
La única solución que queda es se humilde y reconocer el daño pidiendo perdón, y que nos sirva de lección para no repetirlo. Pero pensando quien debe resarcir al inocente calumniado, quien compensará las muchas noches sin dormir, las lagrimas vertidas, la fractura de su honor, y muchas veces su ruina profesional y económica.

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