viernes, 23 de octubre de 2015

Como encontrar la felicidad.



A veces pensamos que la felicidad es algo reservado para otros y muy difícil de darse en nuestras propias circunstancias. Podemos llegar a pensar que la felicidad es como un sueño que no tiene que ver con nosotros.

La relacionamos quizá con grandes acontecimientos, con poder disponer de una gran cantidad de dinero, gozar de una salud esplendida, tener un éxito profesional o afectivo deslumbrante, protagonizar grandes logros del tipo que sea, pero la realidad resultante es bastante distinta a eso.


La prueba es que la gente más rica, más poderosa, más atractiva, o que mejor dotada está, no coincide con la gente más feliz.

Tampoco parece que disponer de un gran talento o gozar de muy buena salud sean lo que decide la felicidad.

Tampoco es que para ser feliz haya que ser retrasado mental, enfermo o desafortunado.

Tanto en unos como en otros casos, unos se sentirán felices y otros no. Parece que la felicidad y la infelicidad provienen de otras cosas, de algo que están más en el interior de la persona, en la forma de plantear la vida.

Por ejemplo, muchas veces sufrimos, o nos embarga como un sentimiento de desánimo, o de agobio, o de fatiga interior, y no hay a primera vista una explicación externa clara, porque no hemos tenido ningún contratiempo serio, ni tenemos hambre, ni sed, ni sueño, ni nos faltan la salud o las comodidades imprescindibles.

Los problemas nos los creamos, y si investigamos un poco llegamos a descubrir que están causados por nosotros mismos: muchas de las quejas que tenemos contra la vida, si nos examinamos con valentía, nos damos cuenta de que provienen de nuestro estado interior, de nuestra pereza, de pequeños egoísmos, envidias, susceptibilidades, etc. En definitiva, de errores personales que nos producen una desilusión.

Sin embargo, hay que pensar que es precisamente esa desilusión que descubrimos la que nos brinda la oportunidad de mejorar y ser más felices. Y nos advierte de que algo en nuestro interior debe cambiar. Es muy bueno que notemos con fuerza el peso de nuestros errores: si no fuera así, sería muy difícil que rectificáramos.

Cuando entremos en ese camino, empezaremos a vislumbrar la felicidad

3 comentarios:

CHARO dijo...

"Mea culpa, mea culpa"........soy de las que me hubiera gustado ser inteligente y la verdad que siento "envidia" y profunda admiración por esas personas inteligentes que logran alcanzar sin apenas dificultad sus objetivos. A veces me entristece no haber logrado apenas nada de lo que me propuse,no haber tenido el trabajo que yo deseaba y de no haber podido superarme en el que tenía.La salud también me ha dado la espalda lo cual ha limitado mi vida en demasiadas ocasiones y todo esto me ha "impedido" ser lo feliz que a mí me hubiera gustado ser. Claro que Gracias a Dios me armo de valor en estos momentos de bajón y lucho para superarlos y la verdad que lo logro aunque siempre me quede esa espinilla clavada. Para ser feliz hay que aceptar y disfrutar de lo que se tiene sin amargarse por no poseer aquello que se nos ha negado y que resulta inalcanzable.........y ya lo creo que se puede ser feliz si nos lo proponemos aunque para ello debamos aceptar nuestras propias culpas.Saludos cordiales

PEPE LASALA dijo...

Me ha gustado mucho tu exposición Icue. La felicidad está en el corazón, en la familia, en los pequeños momentos, en el día a día... pero la felicidad está mayormente en dar felicidad a los demás, y ahí está la búsqueda de Dios. Un fuerte abrazo y buen fin de semana. @Pepe_Lasala

LAO Paunero dijo...

La Felicidad Verdadera está "a la vuelta de la esquina" cuando se la quiere ver amigo