sábado, 23 de abril de 2016

Dejemos tocar a los demás.

 
Escuchando un concierto de órgano, me hizo recordar la historia de aquel organista de una pequeña iglesia que luchaba por tocar una partitura de Meldelssohn sin conseguirlo, después de múltiples intentos y frustrado, recogió su partitura y se dispuso a irse.
No habia reparado en un extraño que se habia sentado en un banco de atrás.
Al dar la vuelta para marcharse, el extraño le preguntó si podia él tocar la pieza. El organista respondió que nunca dejaba que nadie tocara su órgano, pero tras dos peticiones amables el órganista le dió su consentimiento.
 
El extraño se sentó y lleno la iglesia de una hermosa e impecable música.
Al terminar preguntó el organista,¿quien es usted?, el hombre contestó yo soy Felix Mendelssohn.
El organista por poco impide al creador de la pieza que tocara su propia música.
Hay veces que tambien nosotros tratamos de tocar los acordes de nuestra vida e impedimos a nuestro Creador que haga una música hermosa.
.
  Dios tiene una sinfonia escrita para nuestra vida. Dejemosle que haga su voluntad en nosotros. Seamos desprendidos, no tengamos nada como propio, pensemos de donde nos viene todo......

7 comentarios:

CHARO dijo...

Un relato muy bonito que desconocía y me parece estupenda la comparación con nuestra propia vida......hay que dejar hacer a nuestro Creador.Saludos cordiales

Sara O. Durán dijo...

Porque nada es nuestro, todo es transitorio.
Precioso relato.
Un abrazo.

Buscador dijo...

San Agustín decía: Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo. Cuando una persona se entrega a esa sentencia por expreriencia, Dios y uno componen la música en un todo...

Ester dijo...

Nos creemos capaces y nos equivocamos, no importa tenemos más oportunidades para aceptar la ayuda que El nos ofrece. Siempre. Un abrazo

Ilesin dijo...

Un bello relato que nos muestra que a veces un gesto puede estar a punto de dar al traste con un momento único y de gran belleza.
Besos

stella dijo...

Dios es la Belleza misma , es Armonía, y plena el alma de su gracia....no debemos olvidar esos dones y dar gracias a Dios por ello y siempre recordarlo
Abrazo Icue

Julia L. Pomposo dijo...

Muy buena la anécdota, zapatero a tus zapatos, que suele decirse.
Saludos cordiales