domingo, 15 de abril de 2007

Servir


«Servidor», «servidora», responden todavía en algunas regiones españolas cuando se llama a alguien por su nombre, pero en nuestra sociedad actual casi nadie desea asumir realmente una actitud de servicio.

Estamos de hecho, ante un peligro cuyas dimensiones no deben ser pasadas por alto. Algunas profesiones, proverbialmente consideradas como puro servicio -enfermeras, empleadas del hogar- desaparecen poco a poco en muchos países, y este lento agonizar amenaza la ruina de no pocos puntales de nuestra vida social.

El hombre de nuestro tiempo, preso todavía en la angostura tormentosa de una adolescencia prolongada, resiste a adoptar una actitud de servicio porque teme rebajarse, porque confunde servicio y esclavitud, porque diviniza una determinada concepción de la libertad.

El ser humano es por esencia, señor y servidor a un tiempo: nadie puede asumir uno solo de estos papeles y rechazar el otro, porque no sólo los dos están unidos en la entraña de la persona, sino porque en realidad el uno se resuelve en el otro. Las grandes figuras de la humanidad lo son de servidores.

Servir era el título propio de la vieja nobleza, que veía en su vida entera un servicio a la majestad real. «Ministro» significa en sentido estricto, servidor: servidor del Estado, servidor del culto. El Sumo Pontífice es «servus servorum Dei», a los cristianos
en olor de santidad se les llama «siervos de Dios» y los ángeles mismos son «siervos mensajeros de la Divina Majestad».

Y el hijo de Dios hecho hombre declaró con una frase lapidaria el sentido de su vida en la tierra: «No vine a ser servido, sino a servir», revelando con estas palabras el significado de la vida de todo hombre, servir; servir a Dios y al prójimo.

Servir es sembrar, sembrar semilla buena.

Servir es servir a todos y a cualquiera, no preferentemente a quienes a su vez, pueden alguna vez servirnos.

Servir es distribuir afecto, bondad, cordialidad, apoyo moral, amor y ayuda material.

Servir es repartir alegría, estima admiración, respeto, gratitud, sinceridad, honestidad, libertad, justicia, es infundir fe, optimismo, confianza, y esperanza.

Si uno se niega a servir, se precipita en el abismo de lo insignificante, se aleja de la realidad de nuestra existencia, y con ello, se introduce en el estrecho sendero que conduce a la neurosis. Sólo los servidores saborean la verdad y la profundidad de la existencia, que así no carece nunca de significado. En este gran teatro del mundo son los servidores los auténticos filósofos y conocedores de la vida, mientras que los señores «oficiales» aparecen casi siempre como esclavos del ansia de poder o de la vanidad más pueril.

1 comentario:

catalunya.ffw dijo...

El teu post m'ha recordat uns versos de Salvador Espriu que tot polític hauria de recitar cada matí abans de posar-se a treballar.

"Si et criden a guiar un breu moment del mil·lenari pas de les generacions, aparta l'or, la son i el nom. També la inflor buida dels mots, la vergonya del ventre i els honors. Imposaràs la veritat fins a la mort,

Sense l'ajut de cap consol. No esperis mai deixar record, car ets tan sols el més humil dels servidors."

Fins aviat,
Marc
www.catalunyafastforward.blogspot.com